Tengo una pregunta importante: ¿Cómo se hace para querer sin salir herido de alma?. Querer implica dar, entregar, resignar y no, no hablo de lo material cuando hablo de dar. Hablo de entregar cosas que sean importantes para uno, entregar sueños, cariño, amor, palabras humildes llenas de sensaciones y vida, crear con otro un espacio en el que dos mundos distintos puedan unirse a pesar de todas las diferencias habidas y por haber. Amar es llenarse el alma con esa felicidad de la que tanto hablan, con esos momentos compartidos que luego, son recuerdos perturbadores y memorias que en su mayoría no te permiten vivir del presente, sino más bien, enterrarte en un pasado que nunca vas a saber si fue para bien o para mal. ¿Es que existe alguna manera de dar sin quedarnos vacíos?. Cuando el amor se acaba, la pasión se apaga y ya no queda mucho de que hablar, los mundos que algún día se juntaron para coexistir se separan por el bien individual de cada uno. Claro está, nunca se vaya a pensar en que quizás lo mejor es jugarse un poco por los sentimientos, no, eso no está de moda entonces nadie lo hace. Ese inmenso hueco que antes ocupaba la persona que ahora se volvió tu enemigo más querido y deseado, hay que llenarlo. Es decir, ¿quién puede vivir sin un propósito?. A pesar de la depresión que repose por un período asquerosamente largo e interminable, el dolor se queda, para siempre, son de esas cicatrices que no se borran con el tiempo, de las que no se ven pero duelen cuando se las roza con esas palabras dañinas que suelen ampliar las personas cuando quieren defender el corazón de más golpes. Todos a fin de cuentas buscamos lo mismo: apoyo y verdadera consideración de parte de alguien, importar, ser alguien para alguien en especial, no un cualquiera, solo una persona ocupa ese trono que uno creó para que reine en su vida y de luminosidad a toda esa oscuridad que antes parecía normal. Aclaro, cuando digo “verdadera” me refiero a que ahora la verdadera esencia de miles de sentimientos, palabras clave y enfrentamientos cara a cara han perdido su valor. Estoy de acuerdo en que quizás, decir lo que sentimos nos deja desnudos ante alguien (literalmente hablando), le damos el regalo más grande e importante, mejor envuelto, de todos: el corazón y muchas veces en el vano intento, lo perdemos. Y no importa cuanto luches después por volver el tiempo atrás, aunque te arrepientas luego de haberlo hecho, hecho está. Quiero que se entienda, el amor es lindo pero convengamos que cuando se pierde es lo más horrible que te puede pasar en la vida. Todo aquello que antes era color de rosa se vuelve gris, los días te parecen largos (infinitos) y al mismo tiempo, relativos. No importa si dormís, comes, estudias, corres, caminas, paseas, en tu cabeza esa persona está constantemente volviendo para atormentarte a través de esos recuerdos que antes tanto amabas idolatrar. Siempre digo que si uno siente algo, debe de arriesgar hasta la vida por ese sentimiento. Es ese momento, ese instante minúsculo en el que te das cuenta que darias la vida por esa persona en que debes decir las cosas que nos recorren la cabeza y hacen latir al corazón el doble de rápido. Las corazonadas no siempre se tienen en la vida y si se sienten, por algo es. Aún así, a quien se arriesgue debe saber que en los juegos de la vida, se puede perder como ganar. Es bueno esperar mucho pero sólo cuando se trata de uno mismo, nunca esperen que los demás hagan de sus vidas importantes porque eso nunca va a poder suceder y se quedarán con la ilusión quebrada. Entréguense a quien realmente quieran (amen). No importa si pierden, es una posibilidad que cambia según quien elijan y si son rechazados pues, será que aquella persona no era la indicada. Es mejor creer que siempre puede haber alguien que esté dispuesto a dar lo mejor de uno para uno ahí afuera, en algún lugar del globo, esperando. Porque... ¿Quien dijo que el amor no cuesta caro?. Para aprender a sentir, hay que jugarse la vida por los sentimientos.




